¿Qué la hace imprescindible?
Un barrio habitado en la roca
Las conocidas cuevas de arriba, del centro y de abajo corresponden a los tres históricos barrios de casas-cueva excavados en la ladera de La Peña, la formación rocosa que protege Lodosa.
Arquitectura popular
Su distribución interior respondía a una lógica funcional muy avanzada: un pasillo central o caño organizaba las estancias, mientras que la nevera, un pozo vertical de ventilación e iluminación, garantizaba la salubridad del espacio.
Patrimonio etnográfico y memoria colectiva
Más allá de su singularidad arquitectónica, las más de 200 casas-cuevas cuentan la historia cotidiana de varias generaciones de lodosanos.
Cuándo visitar
Las cuevas pueden visitarse durante todo el año. La primavera y el otoño son especialmente recomendables para recorrer el entorno de La Peña y disfrutar de las vistas sobre Lodosa y el valle del Ebro.
Ideal para
Cómo llegar
Desde el casco urbano de Lodosa se accede a través de las calles que salen del casco urbano en dirección noroeste. Es un agradable paseo de aproximadamente un kilómetro, hasta llegar al entorno de las cuevas.
Puede realizarse parte del recorrido en bicicleta urbana o de paseo, aunque el tramo final hacia las cuevas requiere hacerlo a pie.
Se puede llegar hasta las zonas próximas al acceso por las calles del casco urbano y aparcar en áreas habilitadas antes de continuar caminando.
Las conexiones interurbanas de buses llegan hasta Lodosa. Desde la parada en el centro del municipio el acceso a las cuevas se realiza a pie.
Más información
Históricamente, este conjunto se organizó en tres barrios de casas-cueva, distribuidos en distintos puntos de la peña: uno al oeste, otro al norte y otro al este, conocidos popularmente como las cuevas de arriba, del centro y de abajo. Las primeras cuevas estaban en la parte alta. Su excavación comenzó a principios del siglo XIX, en respuesta al crecimiento de la población y a la necesidad de vivienda para las familias con menos recursos. Con el paso del tiempo llegaron a habitar en estas cerca de ciento cincuenta familias, alcanzando alrededor de 220 cuevas documentadas en 1934 y convirtiéndose en un verdadero barrio que perduró hasta la década de los años sesenta del siglo XX.
La tipología de estas viviendas respondía a una organización muy funcional. Tras una pequeña plazoleta exterior, la entrada daba paso al caño, un corredor central que articulaba la vivienda. A ambos lados se situaban la cocina y la estancia principal, generalmente abiertas a la fachada, mientras que en el interior se disponían dormitorios, almacenes, graneros e incluso cuadras para animales domésticos.
Uno de sus elementos más singulares era la nevera, una abertura vertical de dos o tres metros de diámetro que funcionaba como chimenea, ventilación e iluminación natural. Gracias al aislamiento térmico de la roca, las cuevas mantenían una temperatura constante cercana a los 18 ºC durante todo el año, lo que las hacía frescas en verano y templadas en invierno.
Con el paso del tiempo las cuevas sufrieron derrumbes, filtraciones y abandonos, especialmente las situadas en las zonas más bajas. Tras los desprendimientos y las lluvias fuertes del otoño de 1961 obligaron al desalojo progresivo de estas viviendas por riesgo de derrumbe, poniendo fin a un modo de vida que había marcado generaciones de lodosanos.
En la actualidad todavía se mantienen en pie entre medio centenar y un centenar de cuevas, aunque muchas son de propiedad privada y no pueden visitarse. Las cuevas de arriba son las mejor conservadas y concentran la mayor parte de las cuevas rehabilitadas para la visita, entre estas la conocida cueva de los Hermanos Duque. Por su parte, las cuevas del centro y de abajo no han desaparecido por completo, aunque una parte importante de estas se perdió con el paso del tiempo, quedó tapiada o presenta hoy un estado menos visible y de acceso más complejo.