¿Qué la hace imprescindible?
Un monumento funerario de más de 4 500 años
El Hipogeo de Longar es una tumba colectiva excavada en el terreno que se remonta al final del Neolítico o comienzos del Calcolítico.
Una arquitectura megalítica excepcional
El monumento está formado por un corredor de acceso delimitado por grandes piedras verticales que conduce a una cámara subterránea excavada en la tierra y cubierta por enormes losas de arenisca.
Un testimonio de las primeras comunidades agrícolas
Las excavaciones arqueológicas permitieron recuperar restos humanos, puntas de flecha de sílex, herramientas de piedra y fragmentos cerámicos de estas poblaciones prehistóricas.
Cuándo visitar
El entorno del hipogeo puede visitarse durante todo el año. La primavera y el otoño son especialmente recomendables, cuando la visibilidad del paisaje es mayor y el recorrido por el entorno natural resulta más agradable.
Ideal para
Cómo llegar
Existe una ruta senderista señalizada desde la Fuente Vieja de Viana, que permite alcanzar el hipogeo recorriendo el paisaje agrícola del entorno. El itinerario atraviesa campos de cultivo y pequeñas lomas hasta enlazar con la pista que conduce al Alto de los Bojes.
El acceso puede realizarse por pistas agrícolas desde Viana en dirección a Aras. El recorrido sigue el mismo trazado que el acceso por pista rural hasta el aparcamiento situado en la confluencia de los arroyos de San Pedro y Longar. El último tramo hasta el monumento se realiza a pie.
Desde Viana se toma la carretera en dirección a Aras y Aguilar de Codés. En el kilómetro 4 150 hay un desvío a la izquierda señalizado hacia el Hipogeo de Longar. Desde este punto comienza una pista rural que asciende entre viñedos y campos de almendros hacia el valle de Valverde. Tras recorrer aproximadamente cuatro kilómetros, se llega a un aparcamiento situado en la confluencia de los arroyos de San Pedro y Longar. Desde el aparcamiento se continua a pie durante aproximadamente un kilómetro, siguiendo la senda señalizada que asciende hasta el hipogeo.
Viana cuenta con conexiones interurbanas desde localidades cercanas. Desde la parada, el trayecto se puede realizar a pie, en bicicleta o en vehículo provado.
Más información
El monumento está compuesto por un corredor orientado hacia el sur que conduce a la cámara funeraria. Este pasillo está delimitado por grandes piedras verticales llamados ortostatos y desemboca en una losa de cierre.
La cámara sepulcral, de unos 4,6 m² de superficie y aproximadamente metro y medio de altura, fue excavada directamente en la arcilla natural. Sus paredes se reforzaron con un pequeño muro de piedras colocadas en seco, mientras que la cubierta se formó con dos grandes losas de arenisca que en conjunto pesan cerca de siete toneladas.
El acceso al interior se realizaba a través de una gran losa vertical en la que se abrió un pequeño orificio de unos 50 centímetros de anchura, que permitía introducir los cuerpos sin desmontar la estructura funeraria. Este tipo de acceso demuestra que el sepulcro fue concebido como una tumba colectiva reutilizable durante varias generaciones.
En el interior del hipogeo se hallaron restos de al menos 114 individuos entre hombres, mujeres y niños, depositados a lo largo de unos 130 años (entre el 2630-2500 A.C.). Muchos de ellos fueron enterrados en posición fetal, siguiendo un ritual funerario habitual en las comunidades prehistóricas.
Entre los hallazgos más llamativos se encontraron varias puntas de flecha de sílex incrustadas en algunos esqueletos, lo que sugiere episodios de violencia o enfrentamientos entre grupos. Junto a estos restos aparecieron también herramientas de piedra utilizadas para la siega de cereales, lo que indica que estas poblaciones ya practicaban una agricultura temprana combinada con la caza y la recolección.
El final del uso del monumento pudo estar marcado por un colapso parcial de la cubierta, cuando una de las grandes losas se fracturó y cayó sobre los cuerpos depositados en el interior. Incapaces de reconstruir la tumba, los miembros de la comunidad sellaron el lugar cubriéndolo con piedras para proteger los restos de sus antepasados.
Con el paso de los siglos, el hipogeo quedó completamente integrado en el paisaje, confundido con un simple afloramiento rocoso. No fue hasta 1989 cuando un vecino de Viana sospechó su origen prehistórico, iniciándose entonces las investigaciones arqueológicas que permitieron excavar, estudiar y restaurar el monumento para su visita actual.