Sesma es un pueblo asentado sobre una ladera yesosa, su casco urbano se adapta al relieve con un trazado escalonado que conserva la memoria de un pasado marcado por el trabajo, la autosuficiencia y una identidad muy singular dentro de Navarra.
Desde lo alto del pueblo, las vistas se abren a amplias llanuras de secano, sierras despejadas y horizontes de marcada estética esteparia. Este paisaje ha condicionado durante siglos la forma de habitar y trabajar la tierra. De ahí surgen elementos tan característicos como las casas cueva, excavadas en el yeso.
Otro de los rasgos singulares de Sesma es el desarrollo del oficio del esparto, que la convirtió en el único pueblo espartero de Navarra. Esta tradición artesanal sigue viva en la memoria colectiva y se celebra cada primavera en el Artesparto de Sesma, una cita que recupera técnicas y saberes ancestrales en torno a este legado.
El patrimonio monumental se articula en torno al núcleo urbano, con la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, y las ermitas de Nuestra Señora de los Remedios y Nuestra Señora de la Almuza. A esto se suma la Casa Museo del Padre Tomás, un espacio que permite acercarse a la historia reciente del pueblo y a las formas de vida tradicionales.
Más allá del casco urbano, Sesma invita a recorrer un territorio de gran valor natural. Rutas como el recorrido circular del Monte Ayuso atraviesan campos de cereal, monte bajo y pinares de repoblación, ofreciendo panorámicas continuas de la Ribera Estellesa. En este paisaje destaca el Salobre de Sesma, un enclave singular por su carácter salino y su importancia ecológica, especialmente apreciado para la observación de aves y el conocimiento del medio natural.
La experiencia se completa con una oferta ligada al producto local y a la viticultura, que refleja la continuidad del trabajo en el campo y la evolución hacia propuestas contemporáneas que combinan tradición, calidad y arraigo al territorio.