¿Qué la hace imprescindible?
Uno de los seis humilladeros conservados en Navarra
Es una tipología devocional excepcional que ha llegado hasta nuestros días en enclaves muy contados del territorio.
Arquitectura renacentista en estado puro
Construido en 1614 en sillería de gran tamaño, presenta planta cuadrada y se eleva como un templete cúbico abierto mediante arcos de medio punto.
Lugar de tránsito espiritual
Aquí, durante siglos, viajeros y vecinos se descubrían y rezaban al entrar o salir de Allo, en un gesto cotidiano de devoción ligado a la vida rural.
Cuándo visitar
El humillader puede visitarse durante todo el año desde el exterior. La visita resulta especialmente agradable durante la primavera y el otoño, cuando las temperaturas son más suaves y favorecen el recorrido por el patrimonio histórico de la localidad.
Ideal para
Cómo llegar
Se encuentra frente a la Casa del Mayorazgo, en un entorno fácilmente accesible desde el centro de la localidad.
Puede alcanzarse cómodamente por las calles del municipio. Se recomienda circular con precaución en el entorno inmediato.
Es posible llegar hasta sus inmediaciones a través del viario local. Existen zonas de aparcamiento en calles próximas desde las que acceder caminando.
Allo cuenta con conexiones interurbanas de buses desde otras localidades. Desde la parada, el humilladero se alcanza fácilmente caminando.
Más información
Fue mandado a construir en 1614 por don Manuel López Royo, abad de las parroquias de Dicastillo y Larrión, beneficiado de Allo, arcipreste de La Solana y tesorero del Condestable del Reino y Conde de Lerín.
La obra está instalada frente al palacio conocido como Casa del Mayorazgo y responde a un lenguaje renacentista sobrio pero monumental: se eleva sobre planta cuadrada en forma de templete cúbico, con tres de sus lados abiertos mediante arcos de medio punto y rematado por una cornisa moldurada que recorre todo el perímetro superior. En su interior, la cornisa circular da lugar a pechinas en las esquinas, una solución estructural que articula el volumen sin perder coherencia con el estilo del conjunto.
En su forma original, los vanos que abrían los arcos estaban cerrados con rejas de hierro sobre un basamento de piedra, generando un espacio sagrado protegido para la contemplación. Hacia el siglo XIX, esta configuración fue transformada: las rejas desaparecieron, los arcos se tabicaron con mampostería y el edificio se adaptó para uso residencial, con un forjado interior que lo dividió en dos plantas de unos 40 m² cada una. Este uso como vivienda se mantuvo durante décadas y en periodos recientes incluso se empleó como almacén agrícola.
La restauración promovida por el Ayuntamiento de Allo tuvo por objetivo eliminar las adiciones posteriores y recuperar la factura original del humilladero, devolviendo su lectura espacial y formal renacentista. El proyecto contempla la demolición de los elementos residenciales añadidos (muros interiores, forjados, tabiquería y cubierta convencional), así como la reposición de piezas y sillares originales mediante trabajos de cantería, con atención especial a la cornisa moldurada y al tratamiento de los arcos.
Aunque el crucero que originalmente estuvo alojado en su interior permanece en poder de una familia particular, la recuperación de la estructura primitiva del humilladero permitirá reinterpretar este recurso devocional dentro del itinerario patrimonial de Allo.