¿Qué la hace imprescindible?
Su excepcional ubicación estratégica
Este sistema de castillos, torres de vigilancia y murallas aprovechó al máximo la geografía natural, alzándose sobre peñas rocosas de difícil acceso que ofrecían un dominio visual total del valle del Ega, de los caminos de
Un sistema fortificado único en Navarra
Adaptado a una topografía extrema, configuró uno de los paisajes defensivos mejor articulados del reino. Desde estas peñas se organizó la defensa del suroeste navarro frente a Castilla, convirtiendo a la ciudad en una plaza prácticamente inexpugnable durante siglos.
Cuándo visitar
El sitio histórico zona de los castillos se puede visitar durante todo el año.
Ideal para
Cómo llegar
Desde el centro histórico de Estella-Lizarra, se llega desde la Iglesia de Santa María Jus del Castillo y el Convento de Santo Domingo. Desde este punto parte el camino señalizado que asciende a las peñas, utilizado para visitar el conjunto de los Castillos. La Atalaya se alcanza siguiendo el mismo camino, mediante un pequeño desvío final, sin necesidad de regresar ni tomar otro acceso distinto.
Es accesible hasta determinados puntos. Los tramos de ascenso no son recomendables para bicicleta convencional por el desnivel y el terreno.
No se puede acceder directamente al sitio histórico. Se recomienda aparcar en el centro de Estella-Lizarra (zona de la estación de autobuses, Parque de Los Llanos o aparcamientos cercanos) y continuar a pie.
Las líneas urbanas e interurbanas llegan a la estación de autobuses de Estella-Lizarra. Desde el centro, el acceso se realiza caminando.
Más información
El Sitio Histórico Zona de los Castillos de Estella-Lizarra representa uno de los conjuntos defensivos más complejos y potentes de la Navarra medieval. Durante siglos, esta ciudad fue considerada la mejor fortificada del reino, gracias a un sistema de castillos, murallas, torres y defensas naturales que aprovechaban al máximo la abrupta topografía del lugar.
El conjunto estaba formado por varios elementos principales. En la Peña Mayor se situaba el Castillo Mayor, auténtica fortaleza-palacio y residencia real, organizada en cinco anillos defensivos escalonados con sus torreones y culminado por una gran torre blanca. También contaba con aljibes, dependencias palaciegas, capilla, bodegas excavadas en la roca y caballerizas. En el punto más alto se alzaba la torre del homenaje, hoy señalada por la Cruz de los Castillos.
Este enclave, considerado el más seguro y poderoso del Reino de Navarra, dio lugar a una denominación simbólica que ha perdurado en la tradición: la nodriza del infante de Navarra. Un nombre que alude a la función protectora del conjunto, entendido no solo como fortaleza militar, sino como espacio destinado a salvaguardar a la monarquía y al futuro del reino.
En la Peña Menor se encontraba el castillo de Zalatambor o Zaratambor, también conocido como Castillo Viejo, considerado una fortaleza secundaria pero clave en el control visual y defensivo del burgo de San Martín.
Junto a este, el castillo de Belmecher, con planta trapezoidal adaptada al terreno, reforzaba el cierre defensivo del conjunto. Contaba con dos torres en las esquinas y una gran torre central de planta cuadrangular. También contaba con torres menores, así como con una capilla. Se desconoce si fue un castillo puramente defensivo o si contaba también con dependencias residenciales. Se dice que existía una amplia galería que comunicaba Belmecher con la iglesia de Santo Sepulcro por la que los reyes se desplazaban de un lugar a otro.
Más al sur, siguiendo la cresta rocosa, la torre de La Atalaya completaba el sistema como punto de vigilancia avanzada sobre los caminos de acceso desde Castilla. Debía ser una torre de vigía, la cual estaba unida por murallas a los Castillos de Belmecher al noreste y Zalatambor al norte. Todavía quedan algunos restos en su cara sudeste, también hiladas de muros en la cresta rocosa.
Estos castillos formaban un recinto independiente del casco urbano, aunque íntimamente relacionado con este. Desde aquí se controlaban los accesos a la ciudad, el tránsito por el Camino de Santiago y los movimientos militares en el valle del Ega. A lo largo de la Edad Media, el conjunto resistió numerosos asedios, especialmente en los conflictos entre Navarra y Castilla. No fue hasta después de la conquista del reino cuando, en 1572, se ordenó su demolición parcial para evitar su reutilización defensiva.
Hoy, gracias al rescate arqueológico, el visitante puede reconocer claramente el trazado del sistema defensivo, los cimientos, muros, aljibes y espacios excavados en la roca.
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