¿Qué la hace imprescindible?
Una obra monumental de la Hispania romana
El conocido como Puente de los Moros forma parte de un impresionante acueducto romano construido entre finales del siglo I y comienzos del II d.C., en época de Trajano y Adriano.
Vestigio de una ingeniería extraordinaria
En origen llegó a contar con 108 arcos y más de 500 metros de longitud en el tramo que salvaba el entorno del río Ebro. En la actualidad se conservan 13 arcos y varios restos de pilares.
Un paisaje con leyenda
La leyenda sitúa en este lugar el paso de los santos Emeterio y Celedonio camino de Calagurris, donde fueron martirizados. Esta tradición popular convierte la visita en un viaje entre la memoria romana y el imaginario del territorio.
Cuándo visitar
Las ruinas del acueducto pueden visitarse durante todo el año. La primavera y el otoño son especialmente recomendables, ya que el entorno del río Ebro y los caminos de ribera ofrecen condiciones ideales para el paseo y la contemplación del monumento en un paisaje especialmente atractivo.
Ideal para
Cómo llegar
Desde Lodosa se puede llegar mediante un agradable paseo siguiendo los caminos de ribera, la NA-134 y el entorno de la ruta GR-99, Camino Natural del Ebro. El recorrido permite disfrutar del paisaje fluvial mientras se alcanza el monumento.
La zona es ideal para recorrer en bicicleta, especialmente a través de las rutas del entorno del Ebro y caminos rurales que conectan Lodosa con los espacios naturales cercanos.
Desde el centro de Lodosa se accede fácilmente por la carretera NA-8716 que luego se integra a la carretera del Ebro. Se recomienda aparcar en el área de descanso cercana en la carretera NA-134 y continuar a pie.
Las conexiones interurbanas llegan hasta Lodosa desde localidades cercanas. Desde el casco urbano puede continuarse a pie o en bicicleta hasta el sitio.
Más información
El acueducto conducía el agua desde la zona de Lazagurría y la confluencia de los ríos Linares y Odrón hasta las tierras bajas de la antigua ciudad romana de Calagurris, la actual Calahorra, aunque algunos estudios señalan que pudo tener también usos agrícolas, de regadío o incluso como vía de paso.
La obra original fue monumental: llegó a contar con 108 arcos que salvaban el paso del río Ebro, con arcadas de 4,8 metros de luz, pilares de 1,10 metros de ancho y una anchura total de 1,5 metros. En algunos puntos alcanzaba los 15 metros de altura, una escala que todavía hoy permite imaginar la grandiosidad de esta infraestructura romana. Los restos conservados revelan la solidez de su fábrica y la precisión técnica con la que fue construida en sillarejo y mortero de cal.
A lo largo de los siglos, las crecidas del río Ebro, la acción del tiempo y el expolio de materiales provocaron la desaparición de gran parte de la estructura. Sin embargo, los 13 arcos conservados siguen ofreciendo una imagen poderosa de lo que fue una de las obras hidráulicas más ambiciosas de la Hispania romana.
Declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en 1970, este lugar es actualmente un punto imprescindible para comprender la importancia histórica de Lodosa y su relación con el Ebro. El recorrido por el GR-99, Camino Natural del Ebro, permite llegar hasta las ruinas a través de un agradable paseo junto al río, convirtiendo la visita en una experiencia que une patrimonio, naturaleza e historia.