¿Qué la hace imprescindible?
Una de las presas romanas mejor conservadas
Datada entre los siglos I y II, esta infraestructura destaca por su excepcional estado de conservación, sin alteraciones posteriores, lo que permite observar la técnica constructiva prácticamente tal y como fue concebida.
Ingeniería hidráulica de alto nivel
Con 50 metros de largo y 5 de alzado, visible en el paisaje, fue construida para represar las aguas del río Odrón y formar parte de un complejo sistema destinado al abastecimiento de ciudades como Curnonium (Los Arcos) y Calagurris (Calahorra).
Un yacimiento arqueológico de referencia
La conservación de elementos como la torre de regulación del agua con restos de su estructura de madera y los sedimentos originales convierten este sitio en una fuente clave para el estudio del mundo romano.
Cuándo visitar
Actualmente, el yacimiento se encuentra en fase de estudio, conservación y adecuación tras su reciente declaración como Bien de Interés Cultural.
Ideal para
Cómo llegar
Desde el núcleo urbano de Mués se toma la NA-129 en dirección noroeste en un paseo de aproximadamente 10 minutos. Luego se sigue la pista que conduce directamente al yacimiento.
El recorrido es accesible siguiendo el mismo recorrido que a pie.
Se puede aparcar en un pequeño ensanche junto a la carretera, en las inmediaciones del yacimiento.
Mués cuenta con conexiones de buses interurbanos con otras localidades cercanas. Desde el pueblo el acceso puede hacerse a pie.
Más información
La presa romana de Mués fue descubierta en 2018 durante trabajos de canalización, revelando uno de los conjuntos de ingeniería hidráulica mejor conservados del norte peninsular. Su excelente estado se debe, en gran medida, a su temprano abandono en época romana, lo que permitió que la estructura quedara sellada y protegida durante siglos.
La presa tiene 50 metros de longitud aproximadamente con muros de dos metros de grosor y cinco de altura. La obra, construida en el siglo I, presenta una compleja estructura compuesta por una pantalla de sillería perfectamente escuadrada, capas de materiales impermeabilizantes y un sistema de contención adaptado al terreno. Entre sus elementos más singulares destaca la torre de regulación del caudal, cuya cámara interior conserva restos de madera original, posiblemente de roble, junto a mecanismos que permitían controlar el flujo del agua.
Los sedimentos acumulados en el fondo del antiguo embalse han preservado semillas, pólenes y restos de fauna de hace dos mil años, actualmente en estudio, lo que convierte este sitio en un auténtico archivo natural del pasado. Estos hallazgos permiten reconstruir tanto el paisaje como los usos agrícolas y ecológicos del territorio en época romana.
Todo apunta a que esta infraestructura formaba parte de un sistema hidráulico de gran escala destinado a abastecer núcleos urbanos relevantes, lo que implicó una red de canalizaciones de enorme complejidad técnica. Su abandono, posiblemente en el siglo II, coincide con cambios en la dinámica de estas ciudades, lo que contribuyó a su conservación excepcional.