Zudaire es la capital del valle de Améscoa Baja y el principal núcleo de servicios de Las Améscoas. Situado a unos 560 metros de altitud, al pie del puerto de Urbasa y junto al río Urederra, el pueblo se despliega bajo el gran escarpe rocoso de la sierra, actuando como puerta natural hacia uno de los paisajes más reconocibles de Tierra Estella.
Con una población estable cercana a los 200 habitantes, Zudaire ejerce como centro administrativo y punto de encuentro del valle. Su caserío combina construcciones tradicionales de piedra con elementos patrimoniales que ayudan a comprender la historia local. Entre ellos destaca la iglesia de San Andrés, de origen medieval y reformada en época barroca, cuya torre sobresale sobre el perfil urbano. A este conjunto se suman el puente medieval, el crucero histórico y el edificio de las antiguas Escuelas Públicas, proyectado por el arquitecto Víctor Eusa, una pieza singular de arquitectura del siglo XX en pleno entorno rural.
El entorno natural es uno de sus grandes atractivos. Desde Zudaire parten accesos hacia el Nacedero del Urederra, el Parque Natural de Urbasa-Andía y las rutas que ascienden a la meseta de Urbasa. El paisaje alterna prados, campos de cereal y masas forestales, marcando la transición entre el valle y la montaña. Muy cerca se encuentra además el Monumento Natural El Centinela, uno de los hitos geológicos más singulares de la zona.
El río Urederra también forma parte de la experiencia cotidiana del pueblo. Durante el verano, una pequeña presa transforma parte del cauce en una zona de baño o playa fluvial, acondicionada por los propios vecinos y muy apreciada tanto por quienes viven en el valle como por quienes lo visitan.
Como cabecera de Las Améscoas, Zudaire mantiene una actividad agropecuaria relevante, vinculada a la vaca pirenaica, la oveja latxa, el porcino y la avicultura, junto a pequeñas empresas locales y una quesería que mantienen viva la economía del territorio. Sus fiestas patronales en honor a San Andrés y la participación en la Fiesta del Valle de las Améscoas refuerzan el fuerte sentimiento de comunidad que caracteriza al valle.